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Hiperactividad

Cada vez son más frecuentes los casos de trastornos de hiperactividad infantil (TDAH) en las consultas. Cada vez más frecuente es la prescripción de fármacos a niños hiperactivos.
Si preguntáis a un neuropsiquiatra infantil los síntomas del TDAH os contestará más o menos esto: “El niño no sigue las normas, no se centra, es impulsivo, puede tener dolor de cabeza, no acata a disciplina en casa y en el colegio no va al ritmo de sus compañeros…”
Vamos a desglosar estos tremendos síntomas:
“no sigue las normas“. Los niños, por definición, no van muy de acuerdo con las normas. El germen de la vida que brota en ellos tiende a manifestarse en todas sus múltiples formas, huyendo de barreras y restricciones.
Difícil determinar si es más preocupante desde un punto de vista psicológico un niño que no sigue las normas o uno que acata a todas y cada una de ellas
“no se centra“. Centrarse es un trabajo difícil para un niño: sus sentidos y sensibilidad están continuamente solicitados por una enormidad de estímulos exteriores e interiores, que requieren, de forma consciente o no, cierta dedicación por su parte.
“puede tener dolor de cabeza“. Esto puede que se produzca cuando el niño piense como compaginar su mundo interior con la cantidad de normas que se supone que debe de seguir….
“no acata la disciplina en casa…“. Cada familia tiene un equilibrio, más o menos complejo, tejido sobre las relaciones padre-hij@-madre-herman@ . Hay muchísimos factores que intervienen en ellas. ¿Estamos seguro que si el niño es hiperactivo el problema lo tiene exclusivamente él?
“…y en el colegio no va al ritmo de sus compañeros.“. ¿Y porqué se supone que debe de ir al mismo ritmo? Cada niño es un mundo, crece, aprende, practica a una velocidad extraordinaria y muy personal. ¿Por qué damos por descontado que todos los niños deban tener las mismas actitudes? Puede que al niño no obtenga buenos resultados en clase simplemente porque no le interesa lo que se le dice, porque el profesor le cae mal, o porque tiene cosas más importantes que hacer o en las que pensar.
Tal vez si dedicáramos más esfuerzo en escuchar (que no es oír) lo que nuestros hijos nos dicen o en observar (que no es mirar) lo que hacen, puede que tengamos ya más respuestas de las que nos puede ofrecer un neuropsiquiatra infantil: metilfenidato, atomoxetina o (aunque parezca increíble) bebidas de cola y café….

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