Archivos para: Julio 2009, 15
El nuevo colonialismo en África

Hay un nuevo colonialismo emergente en el continente africano. Un colonialismo que no proviene de Occidente, como ha sido hasta ahora: no hablamos de EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania, Holanda etc.
Hablamos de Oriente: China, Singapur, Japón, Corea han intentado adquirir lo único que les quedaba a los africanos, su tierra.
La razón es sencilla, con la crisis de las materias primas agrarias de 2007 y 2008 los precios de las mismas subieron del 200, 300 y hasta 400%, debido a las recogidas cada vez más escasas.
Los países con activos en sus cuentas (como por ejemplo Singapur, que ahorra cada año el 50% de lo que produce) han emprendido pues la marcha adquisitiva de tierras a gran escala.
La empresa coreana Daewoo intentó comprar 1,3 millones de hectáreas en Madagascar. Afortunadamente el proceso de compra no se llegó a concretar.
Actualmente China está tratando la adquisición de 2 millones de hectáreas en Congo. Y es realmente asombroso que una nación con una superficie casi igual a la de EE.UU. necesite tierra cultivable. La razón radica, entre otras, en los efectos cada vez más evidentes del cambio climático: huracanes y lluvias torrenciales que han castigado de manera especialmente drástica el cultivo del arroz.
La única respuesta que el gigante asiático ha sabido dar al cambio climático ha sido.....comprar más tierra: una solución de lo más capitalista.
No hay ningún indicio, ninguno, que las gestiones relativas a las ventas de tierra africana se lleven de una forma distinta a la que ha caracterizado la venta de crudo, diamantes, cobre.
Nada ha cambiado en Nigeria desde el descubrimiento de ingentes recursos petrolíferos: el país era pobre antes y es pobre ahora, con el añadido de constantes tensiones sociales que a menudo acaban en la sangre.
La corrupción ha jugado y va a jugar el papel preponderante de siempre: los políticos se enriquecerán, los campesinos perderán el único sustento vital.
En muchos países africanos las tierras de heredan todavía de una forma oral, no escrita. Será tremendamente sencillo por parte de gobiernos corruptos apropiarse indebidamente de millones de hectáreas.
En este sentido ya se están actuando poderosas presiones, esta vez por parte de los organismos que en teoría deberían favorecer con todos los medios el desarrollo del continente: Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.
El acoso oriental se concreta también en el ámbito comercial: actualmente más del 70% de los contratos de obra pública en África subsahariana son adjudicados a compañías chinas o indias.
La capilaridad y competitividad del comercio chino está ya empezando a destruir la industria textil y la economía popular, que eran los motores de la región.
Las millonarias inversiones chinas están transformando el paisaje africano. Autopistas, presas, puertos y aeropuertos que se construyen en muchas ocasiones a instancias de Pekín, que necesita infraestructuras para el transporte de sus mercancías.
Los africanos no necesitan nada de eso: ni inversiones, ni compra de sus tierras, ni ayudas alimenticias tiradas desde un avión.
Los africanos necesitan cultura y conocimiento. Necesitan Internet. Antenas Wi-Fi que vayan desde Johannesburg hasta El Cairo, desde Marrakech hasta Mogadiscio.
Disponen de todas las materias primas que precisan, tan sólo les faltan las instrucciones.
Si los gobiernos europeos quieren de verdad ayudar a África, como ha declarado últimamente el presidente Obama en Ghana, que instalen antenas Wi-Fi en todo el continente, que ofrezca ordenadores a precios de coste.
El resto lo harán los africanos.

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