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EE.UU. vs Nicaragua

Por glu elSep 24, 2008 | EnAmarcord | Enviar reacción »

Ronald Reagan

Con esta nueva entrega inauguramos una sección del blog dedicada a recordar los eventos pasados para comprender los presentes y, eventualmente, prever los futuros.

Nuestro punto de partida será el ataque estadounidense a Nicaragua en los ochenta, por dos fundamentales razones:
1. Es un ejemplo esclarecedor para comprender los orígenes del moderno equilibrio internacional
2. La repercusión de los hechos reales en los medios de comunicación de la época ha sido largamente insatisfactoria

En 1981 Reagan lanzó la guerra al terrorismo. Entre sus máximas prioridades estaba Nicaragua, cuyas “políticas y acciones de gobierno representan una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE.UU.”.
Esta terrible amenaza tenía su origen en los discurso del líder sandinista Tomás Borge, quien auspiciaba que Nicaragua se desarrollara de forma independiente, ofreciendo así un modelo a los otros países de América Latina.
La diplomacia de Reagan de encargó de transformar éstas intenciones en una “revolución sin límites” y un “proyecto de conquista del mundo”.
Todo esto por supuesto desde la superpotencia Nicaragua.

Los medios de comunicación se apresuraron a recoger las directivas gubernamentales y se encargaron de inculcar todo tipo de temores hacia el diminuto vecino en el pueblo estadounidense, presentando los programas nicaragüenses como agresión y terrorismo.

Por supuesto la comunidad internacional (ONU, Tribunal Internacional etc.) detectó enseguida las intenciones de la superpotencia y empujó hacia soluciones diplomáticas a todos los niveles. Los intentos de negociación fueron liquidados por el entonces Secretario de Estado Shultz como “métodos utópicos, que ignoran el rol de la fuerza en la ecuación”. Por supuesto que lo ignoraban…

En muy pocos años de guerra financiada por Washington los contras consiguieron anular el notable crecimiento económico y el progreso social alcanzados por el Nicaragua después de haber derrocado el dictador Somoza, impuesto en su momento por EE.UU..
Las víctimas mortales del conflicto en relación a la población fue “muy superior al de todas las guerras del XX siglo en su conjunto”.

No obstante el Nicaragua no reaccionó a los ataques estadounidenses, sino que los denunció al Tribunal Internacional, quien en 1986 falló a favor del pequeño estado centroamericano, tildando la actuación de Washington de “uso ilegítimo de la fuerza”, o sea actos terroristas.

Los EE.UU. fueron sentenciados a indemnizar el Nicaragua con 17-18 billones de dólares.
Por supuesto no sólo no pagaron nada, sino que el Congreso se apresuró a destinar otros 100 millones de dólares a lo que el Tribunal había calificado de ilegal: el uso de la fuerza.

Washington en aquellos años no arrasó simplemente un país, sino que borró del mapa un “sólido fundamento para un desarrollo socioeconómico duradero” (Banco para el desarrollo interamericano) y un sector sanitario que había conseguido “una de las más extraordinaria mejoras en la tasa de mortalidad infantil de todo el mundo en vía de desarrollo” (UNICEF, 1986).
Simplemente los EE.UU. no podían permitirse el lujo de que un país que comparte continente con ellos se desarrolle económica y socialmente de forma independiente.
Otros estados como Cuba o Guatemala (aplastado con anterioridad) podrían seguir sus pasos, generando en la superpotencia los temores que ella misma había generado en el zar y en Metternich a principios del siglo XX.

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El origen de la Revolución Bolchevique

Por glu elSep 23, 2008 | EnAnálisis | 1 reacción »

Cartel revolucionario

Entre finales del ‘800 y principio del ‘900 las fracturas entre Oeste y Este eran de tal alcance que podían compararse con las presentes hoy día entre Norte y Sur.
Como sugiere el historiador Zeman “La Revolución Bolchevique fue, en cierto sentido, la reacción de una sociedad en vía de desarrollo, esencialmente agrícola, contra Occidente y su egocentrismo político, la avaricia económica, y los despilfarros militares……”.
En 1905 la clase obrera rusa, unos 2 millones sobre una población de 170 millones, empezó a acercarse al movimiento socialista internacional y a reclamar sus derechos a través de la utilización de la huelga.
Muchos de ellos eran analfabetos y necesitaban claramente un líder para dar cuerpo y alma a sus reivindicaciones. En éstos momentos entran en escena Lenin y Trosky.

En Marzo 1917 Trosky llegó a Rusia desde EE.UU. El mismísimo presidente Wilson le proporcionó un pasaporte norteamericano.
Lenin llegó desde Alemania, atravesando Suiza y luego Suecia. Su regreso había sido financiado por el Comando Supremo Alemán, que financió también la propaganda revolucionaria.
El Ministro de Exteriores alemán, Von Kuhmann, refirió al Kaiser en 1917:”Es sólo gracias al constante flujo de financiaciones recibido a través de nuestros canales que los bolcheviques pudieron fundar su órgano de información, la Pravda………”.

Alemania tenía interés en que Rusia se retirase de la Primera Guerra Mundial, distraída por asuntos internos.
La financiación alemana no fue la única: ingentes cantidad de dinero llegaron desde EE.UU. y Gran Bretaña.
La razón política de esto es que las dos superpotencia habían abogado por “controlar” desde su nacimiento la revolución rusa, preocupados que una verdadera toma del poder por parte del pueblo pudiese suscitar simpatías en sus propias fronteras.

La otra razón, más importante, fue económica.
Banqueros como los Arriman, los Rockefeller y los Rothschild financiaron ambas partes en el conflicto revolucionario, para luego dejar caer el zar a través de un bloque de las provisiones de armas, que a su vez fue causa de múltiples deserciones en el ejército imperial.

El mismo Trosky menciona en su biografía préstamos recibidos de la Chase Maniatan Bank. La Kuhun-Loeb Bank de Nueva York depositó 70 millones de dólares en la cuenta sueca de Lenin y Trosky.

¿Por qué los banqueros tenían interés en derrocar al zar?
Para apoderarse del oro de la reserva imperial, para obtener tasas de interés más elevadas, para controlar las ingentes reservas petrolíferas (en 1910 Rusia producía el 25% del petróleo mundial) y en general la economía rusa cuando la revolución hubiese finalizado.
Dicho y hecho: entre 1918 y 1922 Lenin reembolsó a la Kuhun-Loeb 450 millones de dólares…

Lo más irónico es lo que ocurrió en Rusia en los decenios anteriores a la revolución: en 1867 el zar Alejandro II abolió la esclavitud (poco después de los EE.UU.) y veinte millones de campesinos libres pudieron reclamar la tierra que labraban desde hace años.
Esto permitió un increíble crecimiento en la producción de trigo y los beneficios obtenidos fueron invertidos en empezar a industrializar un país esencialmente agrícola.
El zar Nicolás II estaba llevando a cabo un extenso programa de industrialización, que pronto hubiera podido competir con los angloamericanos. Al mismo tiempo, no tenía la más mínima intención de ceder o vender los ingentes recursos petrolíferos a los EE.UU., que apuntaban al control de los recursos energéticos a escala mundial (¿os suena familiar?).

Así que el analfabeto e ingenuo pueblo ruso vio como la Revolución Bolchevique arrasó con la incipiente industrialización, frenó drásticamente un sector agrícola ya desarrollado y hundió a las clases obreras aún más en la miseria.

Como decía el mismo Lenin (perteneciente a la nobleza rusa) la clase obrera sin liderazgo no podía ganar a la burguesía y la revolución tenia que ser una “revolución desde lo alto….llevando la conciencia política al obrero desde el exterior de las luchas económicas…”.
En Octubre 1917 el pueblo ruso perdió dos veces.

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